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Terra
La Coctelera

SIN LUZ DE NOCHE (INTENSOS ACORDES)

El acorde distorsionado copula en mi mente, sensaciones ofensivas

tentaciones como sangre

con licor

y en mis venas sobreviven en su eterna noche

de su vuelta en v…;

es su partida la que se embriaga

una vez más…

es la noche la que aprisiona repasos

como buenas nuevas

afligiendo al tiempo

respiros… eternos sosiegos

y la melancolía sobre arena

lo deja terso, distante que se va

entre mis manos,

solamente el tiempo, sabrá más de nosotros

al abrir cada cuarto de sol.

CAER EN EL AMOR ES TAN FACIL

Caer en el amor es tan fácil

como coger un cuchillo por su filo

en su desencajada noche

entre tragos de agrio almíbar,

me siento solo y perfecto

con la media noche

que se atribuye dentro de lo suyo

pequeños gramos de locura.

Y todo fue así

tan fácil

que ahora al llegar a casa

me serví un vaso con lo más acre

y bebí hasta imaginarte a mi lado

sobre mi cama

acariciándote los pechos

suavemente, observándome, palpándome

mordiéndote los labios, mis labios

besándome…

Puedo sentirlo

mañana me levantaré

entre ebrios cantos de gallos al amanecer

AMBAR

No había sentido desde hace algunos unos meses las caricias de una mujer exuberante, bajo un cielo negro que escupía sangre sobre una botella verde y corroída. Sus pardos ojos clavaban estigmas sobre mis venas y mis venas lamieron su piel como miel fresca alrededor de su cuello, cada pulgada examinada, olfateada y acariciada se derrumbaba entre mis semi secas manos cuarteadas por flema ácida. La charla continuó acurrucando el espeso sabor agridulce de la noche, y sus labios frondosos me mostraban el camino hacia la milonga oculta entre sus ropas, sentí su espeso aroma y la gracia de su sonrisa extendida entre mis muslos, cada movimiento circular de sus manos bajo la tela propiciaban una erección perfecta.

Continuamos platicando sobre la tibia banca un par de horas más, ardiendo y sofocando recuerdos, que fluían entre el espeso humo que emanábamos al compás de un silencio que no aturdía, sino caía en el confort sobre el ámbar más nocturno de todos. Sobre las once de la noche, se acercó hacia nosotros un hombre de edad avanzada como el nivel de alcohol en su cabeza, con los ojos entre cerrados y de hocico reseco tratando de hilvanar una pretenciosa mentira del extravío de su billetera con dinero, y entre sus manos descansaba una pequeña hacha al que miramos sigilosamente, pero su extenso y entrecortado discurso nos cansó – pobre hombre – pensé, solo quería una moneda limpia para un sucio trago, se lo di y se marchó. Luego encendí un cigarrillo y ella también, sorbimos nuestros vasos de vino, nos miramos y echamos una carcajada que disiparon sus nervios; para esto la abrazaba tan cálidamente, que podía sentir sus latidos entre sus bellos pechos que flagelaban mi tacto y mi visión, sentía que podía recorrer el infierno entero entre ellos o escalar una montaña de cristal sin pretender una horrenda muerte; esta vez –pensé- no renunciaré más a esto.

La media noche cercaba nuestros instintos, con ella sentada ahí a mi lado y sus largas piernas entre cruzadas, que concluían en unos dulces pies acaramelados bañados de ese azul intenso. El vino surcaba mi garganta seca que nesecitaba humedecerse tanto como ella, a la vez que mis serpenteantes manos se mecían bajo su oscura blusa, acariciando ambos cálidos pezones con las yemas de mis dedos, ella mordía sus labios con tal sugestión que no pude detenerme hasta hacerla sentir que su calentura se transformara en gotas de sudor. Antes de irnos no pudo contener el impulso de sentir la ansiada rigidez en mi verga, existía un gran asombro en sus ojos destellantes, sonrió y nos levantamos a gotas frías sobre nuestros cuerpos al dejar en aquella banca, dos cajetillas de cigarros vacías y una botella sin aliento.

Caminamos entre los bloques de cemento, sin señales de salida, puesto que ninguno queríamos escapar de esta noche. Sobre nosotros un cuarto de luna estelar que trasgredía mi pensamiento al verla caminar delante de mí, aquel culo contorneaba nuevas forma de ver a una mujer; -¿hacía dónde te diriges?- le pregunte cogiéndola de sus caderas, -mi amor, deseo orinar- me contestó; luego se soltó y siguió moviéndose delante de mí, hasta encontrar una especie de callejón sin salida, se oculto en una esquina y sin reparo se bajo el pantalón y aquel hilo dental color negro, roció un mágico charco que recorría el pequeño camino entre las ramas, acompañado del sonoro ladrido de algún perro guardián. Una sonrisa y se arreglo toda, caminamos un rato para luego mirarnos y besarnos bajo un poste de alumbrado, que iluminaba pura intensidad que se esparcía por tu todo su cuerpo estimulado por mis zigzagueantes manos. Encendí uno de mis últimos cigarros y tratamos de escondernos de tanta luz externa.

Al fin llegamos a un oscuro edificio, al cual no le llegaba ninguna iluminación, la cogí de las manos y la llevé hacia dentro, cruzamos un corto pasadizo que tenia una puerta abierta de par en par con un perro en la entrada, que nos observó pero no lanzó ningún estridente ladrido, más bien se inmutó y continuó su apacible siesta. Clandestinamente nos colocamos detrás de un muro y ella empezaba a jugar dulcemente con mis huevos hasta abrirme por completo el cierre, luego se arrodillo y empezó a cogerme entre la más absoluta oscuridad, el mete y saca tan visceral lograba adueñarse de la noche por completo, con ella arrodillada absorbiendo cada gota de vida, con la total excitación que quebrantamos alguna alma fundida en la oscuridad del edificio.

Desde ese instante mi vida se convirtió en ámbar, con sabor a vino tinto; sin explicaciones se levantó, escupió algún verso inalterable y mientras cerraba el cierre mezquino nos dimos cuenta que alguien entraba apaciblemente, ella me cogió de las manos y tomando su bolso caminamos hacia la salida, sin alterar esta circunstancia sonreímos y nos echamos una pequeña caminata bajo un cielo púrpura que amenazaba con llevarnos a la infinidad de sus límites.

HABITACIÓN 203

La primera vez que cerramos la puerta de la habitación 203

Luisa vestía de un color negro que intensificaba

el fuego bajo mi bragueta.

mientras caminaba

zarandeaba aquel culo de un lado hacia el otro

abofeteando por completo

la habitación entera,

pero…

lo que más me llamaba la atención,

(mmm)…. eran sus jugosos senos

bajo todo ese terciopelo azabache

que acariciaban mis manos.

Luisa en ese momento

parecía estar a apunto de explotar.

con sus famélicos gemidos

ante mis ojos

y yo

parecía hacer lo mismo

dentro de ella.

desde luego no todo concluye

en ese terciopelo salvaje.

ella continuo deslizándose

alrededor de mi cuello

mis pechos, mi barriga…

desabotonando mi pantalón y su abertura

repartiendo gloria y absorbiendo

cuanto fuego pudiera…

así le gustaban las cosas

a Luisa.

mientras más penas

accedía a

mas píldoras, más alcohol…

o más sexo.

En fin

cualquier cosa era buena

para aturdir aquella

nauseabunda sensación.

En todo caso

Luisa valía cada gramo nocturno

que pudiese consumir.

ARDE EN LLAMAS

sobre lima esta lloviendo

una grisácea capa de aflicción,

desde luego

me encuentro cubierto o protegido

de su incineración absoluta.

señores…

lima se corroe

lima se corrompe

lima esta ahogándose…

de mí.

a la mitad de su espejismo

me fue fácil encontrarme en medio

del humo que emanaba de mi boca,

contemplando el flagelo mas grande

de su historia

todo bajo una tenue luz dorada

que asesina

en la medianía de un aullido

estridente y solitario

MUSA

Una musa suspendida entre

los vientos que la atan.

alrededor de la media noche

cuando llega a casa,

se desviste de las reminiscencias

que la aplastan.

suena una voz

a lo lejos del pasadizo de su hogar

a lo lejos del pasadizo del amor

que la hace recordar

a él…

mientras se sofocan

las llamas del infierno de su alma,

delinea una suave sonrisa de anuencia

es hora de evacuar

hacia mi obesa luna solitaria.

MADRUGADA

bajo mi piel

los pensamientos hieden

a crudeza embriagada,

sobre todo

en esta impalpable noche.

luego de esto

me tumbo

sobre su reflejo de almíbar

y enciendo un cigarrillo

negro o tormentoso

y aprisiono toda su amargura

en una sola pitada,

ahora solo me queda

la sensación

que sobre sus llantos,

se lleva consigo

lo más púrpura de mi ser

y al destapar la última cerveza

en el encuentro sosegado y nocturno

se pone quieto este pobre corazón

Claro

en esta madrugada…

no existen anillos ni poemas

que nos hagan reflexionar

sobre purezas indomables;

tengo centímetros de carne

flexionados hacia tu sangre

pero…

¿quién se atreve a sobrellevar aquel áspero suspiro?

al servir la copa llena de alcohol,

en una noche fugitiva

(hay cierta pureza)

para embriagarnos. Aunque es muy de mañana

lo siento…

nunca fui bueno para

los finales felices.

Perdido en Madrid

Siendo las once y media de la noche en Madrid,

aparecemos separados bajo una escena mayúscula

de lejanía...

en un destierro imaginativo y bifurcado

entre el día y la noche;

mecanismos, dispositivos o aparatos encendidos

sobre sus últimos campaneos nocturnos,

del viejo día invernal que ha fallecido.

Este es el último sorbo de vino agrio en la copa.

mientras el excelso jazz gatea

bajo tus negras sábanas de seda

acariciando, mostrando y serpenteando

delicadas caricias que nos abrigan

en una de las noche mas frías de Madrid.

Sobre las cinco y media de la tarde en Lima

La melancolía de una trompeta

ya no es la misma,

y el atardecer cae cuan pesada

fue su melodía…

y el sentido correcto de las cosas

recorre circularmente

en mi memoria;

una mujer, el amor y mucho blues pagano,

sobre mis manos,

que se escurren como agua sobre ellas